Metáforas Negras

X

  • Home
  • Metáforas Negras

Metáforas Negras


Prólogo

(Nycteris)

Santiago, Chile, 2002

“Que mierda haría tratando de ser otros, enfrascada en círculos herméticos” Esta tercera antología de la poetisa, pintora, tarotista y profesora de castellano chilena Leonor Dinamarca (aunque quizás no le acomode mucho el primer título) con dos bellas y cuidadas fotografías en blanco y negro en portada; está compuesta de 23 poemas, titulados sólo por números, más un Credo final. Anteriormente, en 1998 ya había autofinanciado una edición de 60 ejemplares de “Nos veremos en el Infierno” y luego vienen dos trabajos inéditos: “Réquiem de la Muerte” (1999) y “Danielh” (2000).

Actualmente se encuentra terminando su libro “Todas las mentiras del mundo” y participando como poetisa invitada en los conciertos de música acústica experimental del grupo Bachelor.

Poseedora de una voz poderosa y convincente, en esta antología vemos como la autora describe su situación como una figura ex – céntrica, desterrada por propia voluntad del mundo de los poetas (ya que serlo para ella “es la máxima mentira del idioma”). No le alcanzan ni las ganas ni el tiempo para pertenecer a esa cofradía de seres inútiles, malditos y que incluso ni siquiera existen, así que opta en principio por ser cualquier cosa que los demás deseen, menos poesía.

Esta actitud que podría entenderse de buenas a primeras como una suerte de hueco nihilismo, irrumpe con fuerza y convence. Declamando con furia y casi con desesperanza, advirtiendo contra una condición que no siente realmente propia, la autora juega con la posibilidad cierta que la poesía sea un lenguaje que cambie al mundo o al menos lo represente en toda su crudeza.

Quizás sólo sea para ella una condición crónica que debe sobrellevarse de la mejor manera, en este caso hacer poesía casi parece una enfermedad obsesiva y delirante. Luego de los cinco primeros poemas, donde se exponen los problemas severos que existen entre la autora y el mundo poético, con todas las contradicciones que existen con un mundo que no parece tener presencia, a partir del poema VI comienza un deslizar lento hacía sí misma como una figura herida y destrozada (¿ porque otra cosa sino por el sempiterno amor?), condición que grita en el poema XI, donde la poesía, además de todos sus atributos narrados anteriormente, se nos presenta como la mejor de las venganzas y de los recuerdos. El sentimiento de desolación y amargura ante este acontecimiento, que no se quiere entregar a la nada, se arrastra por todos los poemas siguientes hasta el poema XXIII donde se deja (pero no se olvida) el sentimiento de desamparo y el dolor que se siente en todo el cuerpo (en especial en las entrañas, como saben los que lo han experimentado, yo ya no me acuerdo) y se comienza a vislumbrar brevemente el rostro y la presencia tras la figura ex céntrica “que no va con la decoración principal ni con los usuales modos ajenos”. A ratos grandilocuente (cosa que se nota de forma magnifica en el ultimo poema de la antología: “Credo”) Leonor Dinamarca se nos revela al final tal como se siente, tal como lo ha narrado a lo largo de su doble Via Crucis, nos muestra sus heridas, sus cicatrices y sus eternos problemas con el mundo intangible de la poesía, dejando siempre un resquicio para alegar inocencia y para continuar escribiendo obsesiones.

Una antología, a mi gusto, notable por llevar hasta sus últimas consecuencias un estilo literario único en Chile y que sigue de manera más que digna la senda de los mal llamados “poetas malditos”.

Fragmentos

Yo no seré poesía
ni viento tempestuoso.
No seré poeta porque esa
es la máxima mentira del idioma.
Mis vestidos serán los mismos de siempre.
Mi cama será mi sepultura.
Las flores crecerán tras mi desidia.
El amor se irá,

como tantas otras veces
de mi vida…
No pretendo ser poeta.
Qué mierda haría tratando de ser otros.
Enfrascada en círculos herméticos.
Gritando por estandartes
que nunca fueron míos.
Sentada en un trono
que no me interesa.
Preocupándome por tener un sitio
en la mente ajena…
Cuando ni yo misma recuerdo,
claramente, mis promesas.
No pretendo ser alguien
cuando he bebido Sidra con la Muerte.
Yo vengo desde el fondo del pecado…
No podría vivir en los libros de Historia,
ni en las antologías poéticas,
ni en las clases de Castellano.
Nadie creería en mí.
Sería un espectro hecho mal por otras manos.
Una voz que nunca fue, realmente, mía.
Sería lo que todos quisieron ver:
Una leyenda comprensible
en falsedad de los humanos.
No podría vivir en un doctorado ridículo
de algún famoso literato.
Me daría risa tener que alimentar
la pobre mente de los idiotas.
Me revolcaría en mi tumba
al ver como pierden el tiempo
descifrando mis palabras…
Yo no seré poesía.
Ni poeta.
Prefiero vivir en la mente de los locos.
En el delirio de los insomnes.
En el corazón de los bipolares.
En cada persona del esquizofrénico.
En la mirada sincera del autista.
Convertida en viento.
Convertida en árbol.
Pero
¡No!
Señores…
No seré poeta.
No me alcanza el tiempo ni las ganas
para vivir rodeada de mi misma lengua.
Para levantarme, temprano, en las mañanas
y ver este reflejo cruel
en los rincones de mi casa.
No tengo tiempo…
No me quedan ganas…
Me basta conmigo misma
como para escucharme en otras voces,
mal recitada en otras camas.
No tengo tiempo…
Y no tengo ganas.
Bastante he vivido con mis huesos
como para ser tema de tertulias
en salones de esmeralda.
No señores.
Yo no tengo ganas.
Dejen a esta ilusa contar hormigas
por las tardes.
Los duendes recogerán todo despojo,
ellos se encargarán de mi cadáver.
No quiero ser la carga de los vivos.
No quiero ser molestia para nadie.
Déjenme contar hormigas.
Seré feliz intoxicándome de cifras…
Y no traten de decir que soy poeta,
el viento siempre trae mis verdades.
Prefiero ser maldita
o cualquier apelativo conveniente;
pero no me entreguen galas que no quiero.
Maldición.
Confusión.
Crucifixión.
Maldición seré
para todo aquel que me recuerde,
se llenarán de mariposas blancas
sus mañanas.
Sonreirán como idiotas
creyendo en la fidelidad de mis palabras.
Soñarán conmigo… me verán con alas,
con el encanto de un vampiro,
con la profundidad de mi voz
susurrando conjuros malhadados.
Seré la brisa de suspiros y de encantos.
Seré cualquier cosa que deseen.
Menos poesía en otros labios.

La poesía…
Tanto me han hablado de metáforas
en estos días…
Tanto me han hablado de rimas, de décimas,
de figuras literarias.
La poesía…
La poesía no sirve.
La poesía no dice.
La poesía no llega a tus oídos,
ni a tu entendimiento,
ni a tus ganas.
La poesía duerme en un libro que nadie abre. Añejándose.
Perdiéndose en la tinta.
La poesía no es capaz de vivir por sí misma.
Ser poeta es la máxima pérdida de tiempo.
Es la forma más ridícula de enfrentarse al otro.
Hacer poesía cansa.
Agobia.
Maltrata el alma.
Seca el cerebro…
Ser poeta no es ninguna maravilla.
Ser poeta es un estigma
innecesario en estos tiempos.
De qué me sirve el poder de la palabra
si me rodeo de sordos.
De qué me sirve la rima… si no bailas.
De qué me sirve una buena metáfora…
Si no provoca un beso.
De qué me sirve un retruécano,
un hipérbaton
si tú estás igual de lejos.
La poesía nunca te traerá a mis manos.
No te hará sentir piedad, ni amor, ni miedo…
Porque es mía…
Y nada vale.
No tiene el peso de la voz
de una poeta consagrada;
pero está escrita con sangre.
No tiene la exquisita forma
de una métrica perfecta;
pero es mi voz perdida.
La poesía…
La poesía me da risa y me da náuseas.
La poesía… no sirve para nada.

Estoy maldita.
Para poder entregarme a tu besos.

Bajé al infierno
al tercer día resucité de entre los muertos;
pero no quiero sentarme
ni a diestra ni a siniestra
de Dios Padre Todopoderoso.

He tenido que recorrer la miseria de mis días.
Nacer, morir y resucitar.

Para poder mirarte.
Lavar mis ropas.
Matar mis mentiras.
Creer en mis palabras.
Entregarme a tus deseos.

Bajé al infierno
al tercer día resucité de entre los muertos.
Dios no me quiere ni a diestra ni a siniestra.
Condenada a tus ojos ciertos,
a la pérdida constante de mi orgullo.
A pronunciar tu nombre…
sabiendo que prefiero demonios, ángeles caídos, vampiros y cuervos.
Condenada al enamoramiento absurdo
que tanto detesto.
Dios me hizo una mujer libre
y confinó mi libertad a la tibieza agobiante
de tu sexo.

Dios te hizo malditamente bello
para lograr que mi alma de unicornio
deje de causar delirios y tormentos.

Hubiese preferido una tumba.
Ser crucificada en invertidas cruces de silencio.
Yacer en el fuego azul de mi propio infierno.
Suicidio, locura o sufrimientos.
Condenada al enamoramiento infame,
a pronunciar tu nombre como si fuese la oración que redime los lamentos.

Un día olvidaré mis manos inertes,
frías piedras en la noche del desierto,
para volcarme en tu nombre de ángel
y ser la parte amarga de tus huesos.

De tanto amarte en mi nefasta conciencia
un día olvidaré que soy de piedra
y bajaré al infierno de tu mano;
pero no habrá ni tercer día,
ni resurrección…
ni otra maldita condena.
Hubiese preferido una tumba.
Una cruz negra.
Pero el Dios que maldijo mis voces
me dio un corazón de niña,
una voz de poeta.
Un hombre que será mi amor, mi carcelero.
Inspiración constante.
Muerte eterna.
La sombra que me sigue.
Mi otro yo.
Mi absolución.
El perdón de todos mis pecados.
Mi obscuridad, mi propia tumba y mi veneno.

Creo en la sangre y el pecado,
en los ángeles caídos,
en el fuego azul de cada infierno.
Creo en el amor que me derrumba,
en Lucifer que me gobierna,
en la maldición de los recuerdos
y en la muerte eterna… Amén.

Compartir

Entradas similares portfolio

X

Welcome to demons from another kingdoms